
MADRID, 7 de enero (EUROPA PRESS) – La neuróloga infantil del Hospital Ruber Internacional, Gloria López, ha alertado sobre los mitos que rodean el síndrome de Asperger, refutando la idea errónea de que estas personas carecen de empatía. López ha enfatizado la importancia de proporcionar un acompañamiento clínico adecuado y un entorno que respete la manera en que estas personas perciben y procesan el mundo.
Según la Dra. López, «las personas con Asperger no carecen de empatía. A veces tienen dificultades para interpretar las emociones de inmediato, pero sienten con gran intensidad y profundidad». Otro mito común es la asociación exclusiva entre Asperger y capacidades excepcionales. «No todas las personas con Asperger tienen talentos extraordinarios. Existen tantos perfiles como personas, y los estereotipos distorsionan la realidad», resalta.
Además, la especialista señala que no todos los síntomas visibles se pueden atribuir al autismo. «La ansiedad y el TDAH son comorbilidades frecuentes y deben evaluarse de forma independiente. Su tratamiento -que combina psicoeducación, ajustes del entorno y, en algunos casos, medicación- es clave para mejorar la calidad de vida», explica.
En España, las estimaciones actuales indican que alrededor de 450.000 personas se encuentran dentro del trastorno del espectro autista (TEA), una condición del neurodesarrollo cuya prevalencia se sitúa en torno al 1 por ciento de la población, según datos del Centro Español sobre el Trastorno del Espectro del Autismo. Dentro de este amplio espectro, el perfil tradicionalmente conocido como síndrome de Asperger podría representar entre el 18 y el 27 por ciento de los casos, según varios estudios epidemiológicos.
A pesar de su prevalencia, todavía persisten dudas y concepciones erróneas sobre esta condición. Desde 2013, con la publicación del DSM-5, el término «Asperger» dejó de ser un diagnóstico independiente y ahora se integra dentro del trastorno del espectro autista.
Un modo particular de procesar la información
La Dra. López continúa explicando que el Asperger se caracteriza por un patrón cognitivo singular: «El cerebro prioriza ciertos estímulos y presenta mayor dificultad para integrar de forma automática las convenciones sociales implícitas, pero puede mostrar una extraordinaria capacidad para el detalle, la lógica o la memoria».
Estas diferencias no son sinónimo de menor gravedad. La doctora recuerda que no se trata de un trastorno leve, ya que muchas personas experimentan un sufrimiento significativo debido a la incomprensión, el aislamiento o la sobrecarga sensorial. «Necesitan un acompañamiento clínico y educativo adecuado y un entorno que respete su manera de percibir y procesar el mundo», añade.
Finalmente, López concluye: «El objetivo no es cambiar quiénes son, sino acompañarlos para que puedan desarrollar plenamente su potencial en un mundo que a menudo no está preparado para comprender su forma de pensar y relacionarse».





