MADRID, 3 de mayo – El jefe del Servicio de Urología del Hospital Universitario Morales Meseguer de Murcia, Tomás Fernández, ha advertido de que el tabaco es el principal factor de riesgo del cáncer de vejiga, subrayando la necesidad de erradicar este hábito al tratarse de una enfermedad «en gran medida prevenible».
El experto ha indicado que «es poco frecuente que el cáncer de vejiga tenga un origen genético». Aunque existen algunos síndromes hereditarios, como el síndrome de Lynch, que pueden asociarse a este tumor, lo habitual es que se trate de una enfermedad de origen ambiental. Esta está relacionada principalmente con el consumo de tabaco o la exposición a determinados agentes, destacando que, por lo tanto, es prevenible.
Con motivo del Día Mundial del Cáncer de Vejiga, que se celebra el próximo 5 de mayo, Fernández ha señalado que este cáncer es el quinto tumor más frecuente en España, con más de 22.000 casos diagnosticados cada año, lo que sitúa al país entre los europeos con mayor incidencia, en gran parte debido al tabaquismo.
El especialista también ha explicado que este tipo de cáncer suele aparecer a partir de los 45 o 50 años y es más frecuente en hombres que en mujeres. «Aproximadamente el 80% de las personas que lo padecen son hombres, mientras que el 20% son mujeres», ha apuntado.
En este contexto, ha concretado que existen dos grandes tipos de cáncer de vejiga: aquellos que no afectan a la capa muscular de la vejiga, que suelen tener un mejor pronóstico y pueden tratarse con procedimientos menos invasivos, y los que sí la infiltran, que son más agresivos y pueden requerir tratamientos más complejos como la cirugía o terapias complementarias.
«La diferencia es muy importante porque los primeros se pueden controlar sin necesidad de extirpar la vejiga mediante tratamientos locales, mientras que los segundos son más agresivos, presentan una mayor tasa de mortalidad y obligan, en un intento de curación, a extirpar la vejiga. Por tanto, este tipo de tumor tiene una mortalidad más elevada, mientras que el otro, el que no afecta a la capa muscular, presenta un pronóstico mucho más favorable y una mortalidad considerablemente más reducida», ha explicado Fernández.
Además, ha advertido que el tipo más frecuente es el tumor que no afecta a la capa muscular, aunque algunos de estos pueden evolucionar y llegar a invadirla con el tiempo. «Son tumores que tienen una gran agresividad a pesar de que inicialmente no han invadido la capa muscular», ha añadido.
El Sangrado en la Orina, Principal Signo de Alerta
El urólogo ha destacado que el principal signo de alerta del cáncer de vejiga es la presencia de sangre en la orina. Sin embargo, ha matizado que este sangrado no es exclusivo de este tumor, ya que puede deberse a otras causas como los cálculos o infecciones urinarias. «Un sangrado al orinar sin síntomas añadidos es muy sugestivo de cáncer de vejiga», ha sostenido.
Al hilo de esto, ha señalado que en algunos casos no se produce hematuria y la enfermedad se manifiesta mediante un síndrome irritativo, con síntomas similares a los de una cistitis persistente.
En cuanto al diagnóstico, el especialista ha enfatizado que todos los profesionales sanitarios están concienciados de la importancia de la detección temprana, especialmente ante la presencia de hematuria. Según ha explicado, el estudio se apoya principalmente en pruebas de imagen, como ecografías o escáneres con contraste, así como en el análisis de orina y, sobre todo, en la cistoscopia.
«La cistoscopia permite visualizar directamente el interior de la vejiga y constituye el método diagnóstico prácticamente definitivo. En muchos casos, una simple ecografía ya permite detectar la sospecha y orientar claramente el diagnóstico», ha añadido.
El Papel Clave de la Inmunoterapia
El especialista también ha señalado que en los últimos años se está viviendo una revolución en el abordaje del cáncer de vejiga, tanto en los tumores que afectan a la capa muscular como en los que no. Este cambio, según ha indicado, continuará en los próximos años de la mano de la inmunoterapia. «Muy probablemente veremos una revolución también fundamentalmente de la mano de la inmunoterapia», ha manifestado.
Con respecto a los casos de peor pronóstico, ha subrayado que se ha observado una mejora significativa en la supervivencia. «En los últimos años, estamos teniendo una base espectacular en la supervivencia en los pacientes con peor pronóstico, es decir, aquellos que tienen enfermedad diseminada», ha destacado, indicando que el objetivo actual es cronificar la enfermedad mediante la inmunoterapia.
«En general, la tasa de supervivencia al cabo de cinco años estaba en torno al 40%, aunque dependía del estadio. Actualmente, se están alcanzando cifras significativamente superiores, en torno al 60-70%, lo que representa un punto importante para la esperanza», ha concluido.
