MADRID, 3 de mayo. – Durante años, las duchas vaginales se han asociado a una mayor sensación de higiene íntima. Sin embargo, la evidencia médica es clara: no sólo no son necesarias, sino que pueden resultar perjudiciales. La vagina cuenta con su propio sistema de autolimpieza, basado en un delicado equilibrio de bacterias protectoras y un pH ácido que actúa como barrera frente a las infecciones.
Alterar este ecosistema con productos o lavados internos puede tener el efecto contrario al deseado, favoreciendo infecciones, irritaciones e incluso problemas más graves. En un contexto en el que todavía persisten mitos y presiones sociales sobre la higiene femenina, los expertos insisten en un mensaje clave: la vagina no necesita limpieza interna, sino que debemos respetar su funcionamiento natural.
De esta manera, en una entrevista con Salud Infosalus, la ginecóloga Silvia P. González, especialista en Ginecología y Obstetricia de HM Gabinete Velázquez (Madrid), recalca que, desde el punto de vista médico, las duchas vaginales no sólo son innecesarias, sino que están contraindicadas.
El olor vaginal existe, varía a lo largo del ciclo, y no es malo
«La vagina es un órgano que se autolimpia de forma eficaz y continua, y cualquier intervención con productos externos interfiere en ese proceso natural, alterando de forma significativa el ecosistema vaginal. No existe ninguna indicación clínica que justifique su uso en mujeres sanas, y solamente se deben utilizar si las prescribe un médico debido a determinadas enfermedades en la mucosa vaginal», afirma la doctora González.
No obstante, reconoce que el fenómeno de las duchas vaginales tiene una dimensión cultural y de género que no debemos ignorar: «Muchas mujeres recurren a ellas impulsadas por la vergüenza o por la inseguridad respecto al olor o aspecto de su flujo, frecuentemente alimentadas por mensajes publicitarios que patologizan algo completamente normal».
Por ello, la doctora González enfatiza la importancia de transmitir a las pacientes que el olor vaginal fisiológico existe, varía a lo largo del ciclo, y no es sinónimo de suciedad. «Cuando hay un cambio brusco, un olor muy intenso, o un flujo con características anómalas, lo correcto es consultar a un profesional; intentar enmascararlo con una ducha sólo retrasará el diagnóstico y empeorará el problema», advierte.
Qué dice la evidencia científica sobre las duchas vaginales
La doctora González recuerda que las duchas vaginales alteran ese equilibrio de forma directa, ya que al introducir líquidos en el interior vaginal se arrastra la flora protectora, se neutraliza la acidez natural y se deja el terreno libre para el crecimiento de bacterias patógenas u hongos. «El resultado más frecuente es precisamente lo contrario de lo que busca quien las utiliza: más infecciones, más olor, más flujo anómalo», enfatiza la ginecóloga.
Además, la evidencia científica relaciona estas prácticas con un mayor riesgo de vaginosis bacteriana, que es la alteración de las bacterias vaginales más común en mujeres en edad fértil, así como con candidiasis de repetición, infecciones del tracto urinario y, lo que es más grave, con la enfermedad inflamatoria pélvica. «Esta última puede comprometer las trompas de falopio y tener consecuencias sobre la fertilidad. Algunos estudios también han señalado una asociación con mayor vulnerabilidad a infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH, aunque la relación causal sigue estudiándose», advierte la experta de HM Gabinete Velázquez (Madrid).
Recomendaciones de higiene íntima básicas
En este contexto, pedimos a la especialista que nos aporte unas normas básicas de higiene de la zona íntima femenina, señalando que la forma correcta de hacerlo es sencilla: «Agua tibia en la zona vulvar y, si se desea, un producto de limpieza adecuado para la zona íntima de pH correcto únicamente en la zona externa —la vulva—, nunca en el interior vaginal. Sin perfumes, sin irritantes, sin presión a chorro hacia el interior. Secado suave, ropa interior de algodón. Y nada más. La vagina no necesita que la limpiemos por dentro; necesita que la dejemos en paz».
Asimismo, destaca que la vagina tiene un ecosistema propio «muy bien organizado», ya que produce un flujo natural —la leucorrea fisiológica— que actúa como mecanismo de autolimpieza, arrastrando células descamadas y posibles agentes externos hacia el exterior. «Además, está colonizada principalmente por bacterias del género Lactobacillus, que mantienen un pH ácido (entre 3,8 y 4,5), el cual actúa como barrera frente a patógenos. Es, literalmente, un sistema diseñado para mantenerse en equilibrio sin ayuda externa», concluye la ginecóloga Silvia P. González, especialista en Ginecología y Obstetricia de HM Gabinete Velázquez (Madrid).
